Yo, científica y enferma, hago investigación sin animales

La científica Susanna Penco es bióloga del departamento de medicina experimental de la Universidad de Génova.

La primera vez fue durante el examen de biología de la universidad. Desde entonces SUSANNA PENCO no utiliza la vivisección para sus estudios. Y no ha cambiado de idea ni siquiera cuando descubrió que tenía esclerosis múltiple. “Porque no sirve experimentar las curas en animales. ¿Qué tengo yo en común con un ratón?”

“Como investigadora, sé perfectamente que la experimentación con animales no solamente es inútil sino peligrosa para encontrar una cura a mi enfermedad.”

Susanna Penco tiene 52 años y desde hace 20 sufre de esclerosis múltiple: casi no se nota, gracias a su empeño, a veces desgastante, que aún no altera su encanto, o por la media jornada de ausencia a la semana del laboratorio. “Susy”, como la llaman desde niña, es bióloga del departamento de Medicina Experimental de la Universidad de Génova: desde hace 30 años se dedica a la investigación considerada “alternativa”, porque en sus experimentos no usa animales. Y por este motivo, recientemente recibió el prestigioso Premio DNA 2013.

 

Es la primera vez que la Academia de Biólogos confiere un reconocimiento a un estudio que no utiliza animales. <<Investigaciones como la mía siempre han sido consideradas de Serie B. Estaba tan sorprendida que escribí al presidente de la Academia. Él me respondió: “¿Por qué se sorprende? Los biólogos defienden la vida”. Es verdad: el estudio que estoy llevando a cabo evita la muerte de muchos animales, porque solamente se basa en células estaminales humanas obtenidas de operaciones de liposucciones. Pero, también defiende nuestra vida, porque testea los efectos toxicológicos de los fármacos directamente sobre tejidos humanos. Esto debería tranquilizarnos, respecto a un test llevado a cabo con ratones. ¿Qué es lo que tenemos en común con ellos? Las ratas, por ejemplo, no vomitan: ¿cómo podemos saber si ese puede ser el efecto colateral de un medicamento en nuestra especie?>>

¿Cuándo es que ha dicho no a la experimentación animal por primera vez? <<Tenía 20 años, estaba en el examen de biología y debía seccionar un pez: me rehusé. Así, obtuve 27 en vez de 30. No estaba “impresionada”, soy hija de un médico. Pero ya desde entonces llevaba algo dentro de mí que, aún hoy, me impide causar daño a alguien. Sin embargo, aparte de una convicción ética, en biología el parangón entre especies diferentes no tiene sentido. Algunos monos, por ejemplo, se atracan de cianuro, que es letal para nosotros. ¡Si incluso en el metabolismo de los alimentos existen diferencias increíbles, figurémonos en los efectos de un fármaco! He aquí porqué los experimentos con ratones no sirven: el único verdadero conejillo de Indias es el hombre>>.

¿Un investigador puede negarse a realizar pruebas con animales? <<Sí, es un derecho garantizado por una ley que data de 1993. (1) Sin embargo es una elección que a menudo se paga. Muchos laboratorios no ofrecen tal posibilidad, porque la mayor parte de los fondos se invierte en la experimentación tradicional. Tengo mi correo electrónico lleno de mensajes de jóvenes graduados que luchan entre ética y carrera. Y muchos colegas ancianos piensan como yo, pero no lo dicen. Por eso, aunque soy tímida, y a menudo me invade el ansia cuando debo aparecer en público, utilizo mi apariencia en esta batalla. Como científica y como enferma, he hecho de la necesidad una virtud>>.

¿Qué sentiste como investigadora al descubrir que padeces esclerosis múltiple? <<Lo he visto como una tragedia: Leía de manera obsesiva todo lo posible sobre las causas y los efectos, he ojeado por decenas folletos sobre sillas de ruedas. Me ha salvado mi marido Ítalo. Él se encarga de accidentes de tráfico y en una ocasión me dijo: “¿Sabes que es más peligroso salir cada día en motocicleta?” Su frase me ha ayudado a ver de frente la enfermedad y a afrontarla>>.

¿De qué modo? <<Al inicio con dificulta, lo confieso… Seguía una terapia muy pesada, que me obligaba a estar en cama un día sí y un día no. Era más incapacitante que la esclerosis múltiple. Con lágrimas supliqué al médico que me diese una alternativa que me permitiese llevar una vida normal. Actualmente tomo interferón: una vez a la semana tengo una cita con lo que yo llamo “el agujero”. Estoy en reposo durante toda la mañana, y después, por la tarde, estoy de nuevo en pie. A veces me pesa la fatiga, es como si se me agotaran las fuerzas, pero siempre he ido a trabajar. Por un periodo sufrí una hemiparesia facial, consecuencia de la enfermedad: era feísima, con la boca torcida y el ojo izquierdo semicerrado. Pero al menos podía estar en el laboratorio>>.

Si usted hiciese investigación sobre esclerosis múltiple, ¿qué pediría? <<Trabajar con tejidos humanos, dejando la tradición obsoleta de los test con animales. Para las enfermedades neurodegenerativas ya se han utilizado monos, pero no han servido porque los resultados no son aplicables al humano>>.

¿Cómo se puede trabajar con tejidos humanos? << Por ejemplo, analizando los órganos post mortem. Mi marido, mi hermana y mis padres han decidido ser donadores para ayudar a los científicos a encontrar una terapia para enfermedades como la mía. Sin embargo, nuestro país está poco preparado, no están organizados para el explanto. Es necesario ir hasta Padua. Yo, en cambio, en mi testamento he dejado mi cuerpo a la ciencia, con el fin de que mi sistema nervioso central defectuoso pueda ser estudiado. No soy una visionaria, simplemente sueño con un mundo libre de la esclerosis múltiple, donde los enfermos puedan no sólo tratarse, sino sanar>>.


Notas:

(1) Se refiere a la ley no. 413 de Italia: “Ley de Objeción de Conciencia a la Experimentación Animal”, aprobada el 12 de octubre de 1993 y que actualmente se encuentra en vigor. Establece que la ley protege el derecho de estudiantes, médicos, investigadores, personal sanitario, técnicos y asistentes a negarse a experimentar con animales o a participar en dichos procedimientos sin perjuicio en sus estudios o trabajos. Nota del traductor.


  • Traducción realizada por Raúl Cruz  con autorización de Susanna Penco y Natascia Gargano, autora de la nota que fue publicada originalmente en la revista “Donna Moderna”.

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