Animalismo y sociedad

Por Bruno Fedi

La sociedad actual se comporta según una concepción inspirada en el utilitarismo: a saber, que se puede obtener cualquier cosa y llegar hasta donde se pueda actuando oportunamente, hábilmente, manipulando los hechos y a las personas. Hablando científicamente, la adquisición del saber en cada campo impulsa a preguntarse el porqué de las cosas, es decir, cómo obtener un resultado y cuáles pueden ser las consecuencias. Se desarrolla así un condicionamiento utilitarista-ético-científico, debido a la toma de conciencia de las modalidades y de las consecuencias de nuestras acciones vinculadas al sector de actividades prácticas. Para algunos, sin embargo, el condicionamiento ético no es relevante y los conocimientos adquiridos son utilizados como un medio. Para una parte de la población, el conocimiento es un fin; para la otra parte es un medio, para obtener aquello que es útil. Por tanto, sólo una parte de los ciudadanos se pregunta si lo que hace o ve que otros hacen es justo: utiliza un criterio ético. La otra parte de los ciudadanos, mucho más grande, sólo se pregunta cómo disfrutar las situaciones y los conocimientos, cómo obtener el máximo de todo, incluso de sí mismos, generalmente para obtener poder o dinero, con la implícita aceptación de que el fin justifica los medios usados, incluso la crueldad, también la mentira o la calumnia.

Estos comportamientos son racionalizados por una pseudo-ética extensamente difundida, que permite prácticamente todo, con tal de que se respeten algunas reglas formales, esto en lo que respecta a los seres humanos, ya que en lo que respecta a los otros animales, permite todo. Tal ética, evidentemente, no es en  esencia la de Jesús de Nazaret (no hagas a los otros aquello que no quisieras que te hagan a ti); no es la de Francisco de Asís (la del hermano lobo y la hermana agua. Francisco veía entrelazados, por intuición, no por conocimiento científico, todos los seres vivientes y todas las cosas); no es la de Emmanuel Kant (considera a los otros siempre como fines y nunca como medios); tampoco es aquella inspirada en principios biológicos (no reaccionar con cualquier medio para destruir al otro, porque esta violencia, a menudo, me destruye a mí).

En la sociedad que he descrito aparece un libro que versa sobre un argumento específico: la vivisección de los otros animales (no del hombre) con la finalidad de obtener conocimiento científico. El libro se ha limitado a un sector: la vivisección, sin embargo, coloca el problema general de la violencia en la ciencia. Esto es, pone en tela de juicio si es científico un método hasta ahora comúnmente utilizado. La filosofía de Popper ha demostrado claramente que las proposiciones científicas son verdaderas siempre y cuando no se demuestre que son falsas. El libro de Ruesch,Imperatrice Nuda [1], ha demostrado miles de veces la falsedad, o sea, los errores inducidos por la vivisección. Así pues, el libro marca, por primera vez, un momento histórico como el que empujó en tiempos tan lejanos a los hombres a no comerse a otros hombres, a no considerarlos como fuente de alimento, sino como posibles colaboradores. Fue efectuada entonces una elección social basada en un hecho científico, la identidad genética, pero también en una elección ética: la inmoralidad de la crueldad. En las situaciones acaecidas después de la aparición del libro de Ruesch, muchos de los que obtenían poder y dinero de la vivisección se opusieron a los nuevos conceptos, boicoteando el libro y las ideas que expresa. Otros pocos, en cambio, se pusieron del lado de Ruesch, aunque no siempre comprendieron las consecuencias lejanas de sus ideas. Éstos últimos se opusieron a la vivisección, pero no contra el principio de la violencia que podía continuar y ser aplicado a los adversarios (o a los supuestos como tales), incluso a amigos y compañeros.

La innovación efectuada por Ruesch ha sido, sin embargo, un cambio radical histórico, porque se ha tratado de un retorno a una evaluación científica de los hechos. Si se demuestra que un método no es científico, nunca podrá ser útil, en consecuencia,  ni siquiera podrá ser defendido por una ética utilitarista. Sin embargo, para algunos, prevalece la esperanza de los beneficios comunes a todos que se han hecho creer posibles de obtener, incluso usando un método errado, como la vivisección. El hecho fundamental que se deduce de los conceptos de Ruesch es que la evaluación ética no está basada en una lógica religiosa o filosófica, sino científica. Es una posición moral laica: se declara explícitamente que no es necesaria una motivación religiosa para refutar la crueldad y la anticientificidad. En nuestro tiempo, esta auténtica mutación del pensamiento puede ser entendida en un sentido estrecho, limitado a la vivisección, o en un sentido amplio, es decir, como un principio general contra la violencia que caracteriza toda la historia de la humanidad. Incluso entre los antiviviseccionistas existen aquellos que han entendido los conceptos de Ruesch en un sentido estrecho. Para ellos, el comportamiento del hombre continúa basándose en el principio del más fuerte. Ellos justifican, por ejemplo, la alimentación a base de alimentos de origen animal, justifican la violencia contra sus mismos congéneres, aunque rechacen la violencia de la vivisección. Fundamentalmente no comprenden que el sabotaje, la marginación, la mentira, o el simplemente ocultar algunos hechos, son actos de violencia y que los conceptos de Ruesch pueden cambiar no sólo la investigación biológica, sino también la sociedad.

Aún no se ha comprendido que el libro de Ruesch ha encendido un fuego cuyas consecuencias podrían cambiar el mundo. Podemos optar por tener los ojos abiertos, por cambiar algo, reglamentar la vivisección, por llegar a acuerdos, haciendo política con pequeños pasos (mientras obtenemos para nosotros mismos puestos remunerables, un lugar en el parlamento o en una Región [2], etc.) o luchar por abolir la violencia, como enseñan los grandes maestros del pasado. Con la muerte de Ruesch ha desaparecido un gigante: una persona que por primera vez, en un clima general de indiferencia y de utilitarismo egoísta, ha comprendido el error de un método falsamente científico: ha iniciado un camino que podrá llevarnos muy lejos, si no nos adherimos al conformismo. La grandeza de la idea de Ruesch es tal que no puede ser expresada en pocas líneas: es necesario un simposio. Bernard Shaw dice: “Los hombres son de dos especies: aquellos que se adaptan al mundo y aquellos que luchan por adaptar al mundo a sus ideas. A estos últimos es a quienes debemos el progreso”. Ruesch estaba entre estos últimos. A nosotros nos corresponde ser como él. Gandhi, en efecto, dice: “Si quieres cambiar a los hombres, deber ser tú el primero en ser como quisieras que los otros sean”.


Notas del traductor:

[1] Esta obra, Imperatrice Nuda (Emperatriz Desnuda), publicada originalmente en italiano, es más famosa por su versión ampliada publicada en inglés, Slaughter of the innocent (Matanza de Inocentes).

[2] La Región es la entidad administrativa más grande de Italia.


Este artículo ha sido traducido del italiano al español por Raúl Cruz, con autorización del autor. El original se puede leer aquí: http://www.equivita.it/index.php/it/16-documentazione/sperimentazione/364-intervento-bruno-fedi

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